Ayer soñé contigo, una vez más; estabas cerca de mí, entre mis brazos. No podía haber sido más perfecto, a menos que no hubiera sido sólo un sueño. Es increíble, cuando ya de camino a casa comienzo a entender que no se puede llegar más lejos, a concretar algo, que todo el recorrido fue producto de la imaginación.
Durante el descenso me di cuenta que podía verte, que seguías el mismo camino, un poco más lento, pero el mismo camino, no te escondía, no estabas jugando. Luego de un rato andando al mismo ritmo, decidí acelerar mi paso y alcanzarte, mirarte a los ojos y preguntarte qué había pasado, pero no había respuesta y era simple comprender que el recorrido había llegado a su fin incluso antes de comenzar.
Comencé a andar con mayor velocidad, escuchando en el registro del viento, tu voz, interpretando todos mis versos, cantando todas las canciones que compartimos y diciendo alguna que otra cosa más que me negué a escuchar con tanta fuerza que tropecé y perdí la noción de lo que hacía, de dónde y cómo me encontraba; pasé unos minutos paseando por las nebulosas, con la mente llena de dolor del golpe, al abrir mis ojos era yo quien estaba en tus brazos, sintiendo tus lágrimas, simplemente sintiéndote. Me di cuenta que yo estaba balbuceando intentando decir algo pero que no era capaz y simplemente sonreíste, ya estaba en perfecto estado tu sonrisa me había quitado todos los dolores; me levanté, te agradecí y te dije que con una sonrisa era suficiente, que si tenías que seguir que siguieras que yo no podía detenerte; dudaste, diste un paso al frente y te detuviste en seco, decidiste esperar.
Después de caminar un rato y sin hablar me di cuenta que no era posible, y que el recorrido tenía que terminar lo más rápido posible, intenté decírseto pero no eran necesarias las palabras para decir que cada quien tenía que seguir su camino, yo decidí sentarme, esperar y recapacitar todas esas cosas que había vivido.
No faltaba mucho para llegar al final del recorrido así que te vi llegar y también pude ver cómo te ibas a los brazos de alguien que te estaba esperando. No logré ver quien era, tampoco me importaba, al menos tenías a alguien que te esperara y eso me hacía levantarme y retomar mi camino cuesta abajo.
Después de tantas cosas necesitaba llegar a casa y descansar, no logré dormir inmediatamente pero en lo que invadí el mundo de Morfeo soñé; y soñé contigo una vez más.




